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The one with the first week

Todo empezó el domingo, mi último día en Mexicali. Como era de esperarse, tenía varios pendientes que hacer, entre ellos empacar todas mis cosas.

Cuando me levanté (como a eso de mediodía) salimos a comer como despedida para mi. Luego yo me fui a la garita a sacar mi permiso que según yo sí tenía vigente pero a última hora me di cuenta que se me había vencido escasos días atrás. Después fui a comprar un diccionario español-italiano (que increíblemente no tenía), entre otras cosas.

LUNES 22

En la noche del domingo, no sé cómo, pero entre unas cosas y otras, detalles de último momento que quería dejar listos antes de irme, etc. se me fue pasando el tiempo. Había calculado que a las 5:30 de la mañana tenía que empezar a arreglarme para agarrar camino a Los Angeles, de donde salía mi vuelo, y a final de cuentas me dieron las 4:30 am y no había metido ni un calcetín al beliz, y mucho menos había dormido, lo bueno es que ya tenía toda mi ropa afuera acomodada y doblada, nomás de meterla, cosa que parecía fácil, pero no lo fue.

Esa hora fue más que crítica, en ese corto tiempo me di cuenta de la peor manera que las cosas que quería llevar no cabían en las dos maletas que yo tenía planeado llevar… ni de pedo entraba todo eso… ¡madres! ¿y ahora qué hago? mi mamá se había levantado a revisar cómo iba y fue cuando presenció mi evento desafortunado y llegó al rescate. Neta que yo juraba que cabía todo, se me hizo tan obvio… pero no. Entonces fue cuando empezamos a sacar otras maletas y empezar a echar cosas a lo pendejo en donde cupieran! Olvídense de acomodar las cosas bien o verificar que todo vaya listo, quedaban como quince minutos y la idea era echar todo lo que se pudiera en donde se pudiera! ya casi me daban ganas de ir por bolsas de plástico para llenarlas con más mugres que me faltaban jaja. Al final de cuentas dejé un chorro de ropa que me pensaba traer, pero aún así creo que traje buenas cosas, no dejé nada vital creo yo.

Salimos disparados hacia El Centro, CA por el carro que habíamos rentado y ya de ahí nos iríamos mi papá y yo en el carro hasta Los Angeles para tomar el vuelo. A la madre, neta que el camino estuvo HORRIBLE, de lo peor. Todo mundo me estuvo preguntando si estaba nervioso por el viaje y todo eso, y yo siempre decía que no, porque realmente no lo estaba, yo estaba super normal como sin nada, pero todo lo que no me preocupé me cayó de golpe ese día y me puse exageradamente nervioso y estresado. Me sentía super mal, como con el estómago hecho nudo, como… no sé, una mezcla entre mareado y con dolor de cabeza y cosas así, neta que hasta me pasó por la cabeza cancelar todo el plan y ya no ir, pero claro que no lo consideré tanto porque a mi papá le hubiera dado un infarto después de todo lo que había gastado jaja así que me tuve que aguantar.

Yo supongo que es algo similar a lo que sienten las personas cuando se van a casar; como que todo el tiempo estás feliz y sabes que todo será genial y ni siquiera lo dudas… hasta que llega el momento. Me imagino que el día de tu boda, especialmente poco antes y durante la ceremonia, te debe entrar una duda tremenda “¿Qué estoy haciendo? Esto es permanente… ¿y qué si no es como yo pensaba que sería? ¿y qué si no me gusta? Ya me chingué… en poco tiempo mi vida va a dar un graaan giro y muchísimas cosas van a cambiar, estoy realmente seguro de querer esto lo suficiente como para hacerlo?” etc. Algo así me pasó, de pronto me empezaron a entrar millones de dudas y ya ni siquiera sabía si quería pasar por todo eso o no, como que todo pasó super rápido, un día dije “Quiero ir a Italia” y al otro ya estaba en camino a un viaje que implicaba miles de cambios… otra ciudad, otro país, otro continente, otro idioma, otra comida, otras personas, sin mi casa, mi familia, mis amigos, mi carro… My God! What the fuck did I get myself into?

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